Los diputados aragoneses legislan en su propio beneficio.

Hace algún tiempo dediqué un artículo al asunto, titulado “Soy súbdito pero quiero ser ciudadano (a propósito de las Cortes de Aragón”). El asunto se refiere a determinadas pensiones de cesantía que los diputados decidieron otorgarse a sí mismos, para cuándo dejasen de serlo, por no volver a figurar en las listas, no salir electos, o lo que fuere, que no iban a ponerse a trabajar después de estar varios años sin pegar ni golpe, y algunos incluso sin saber lo que es un trabajo de verdad.

El Tribunal Superior de Justicia de Aragón, Sala de lo Contencioso-Administrativo, estimó que aunque a mí me guiaba el interés de defender la legalidad, que eso no era suficiente, puesto que carecía de legitimación, en otras palabras, que yo, contribuyente aragonés, no soy nadie, para poder impugnar en que se gasta –más bien se malgasta- nuestro dinero… ¡Curiosa forma de ver las cosas! Continúa leyendo Los diputados aragoneses legislan en su propio beneficio.

España, una democracia aparente.

Llamamos democracia a aquel sistema político en el que el gobierno se realiza por representantes elegidos por el pueblo. Es decir una forma de gobierno en el que la soberanía reside en el pueblo, y los políticos son meros mandatarios, que actúan en nombre y representación de sus electores, el pueblo soberano.

¿España es una democracia? Parece evidente que no. Los políticos constituyen una clase aparte, una casta de intocables, absolutamente profesionalizados, que hacen de la política su única ocupación, y que van saltando de cargo en cargo, hasta la jubilación, como cualquier otro trabajador. Y, para más inri, muchos de ellos nunca han ejercido profesión u oficio que no sea la política, por lo que tienen un desconocimiento, total y absoluto, de la realidad social.

Por no hablar de la escasa preparación intelectual y académica de una buena parte de nuestra clase política, que es inferior a la de cualquier demandante de empleo en el Inem, pese a lo cual se les nombra ministros o consejeros de estado, sin rubor alguno por parte de quien les nombra. Continúa leyendo España, una democracia aparente.