La excesiva dureza del tribunal supremo con los manifestantes en la sede de la generalidad catalana en Madrid (II).

En mi modesta opinión, el Tribunal Supremo se ha cubierto de lodo, una vez más.

En lugar de adoptar una actitud de reproche penal, pero comprensiva con la escasa gravedad de los hechos, así como con la edad de los acusados (¿quién no ha hecho alguna barbaridad con veinte años?), el Supremo se inclina por castigarles con una gran dureza, que no es justicia, sino que más bien parece venganza, o aviso para navegantes: no vamos a permitir que nadie ataque a los gobiernos autonómicos –en este caso más bien separatista, como lo estamos viendo estos mismos días, y desde hace años-.

Parece que hay dos clases de españoles: los políticos, con los que nadie se puede meter, so pena de acabar rápidamente en prisión, y por varios años, y el común de los mortales, a los que se puede agredir y lesionar, robar, estafar, insultar, etc., sin grandes problemas. Continúa leyendo La excesiva dureza del tribunal supremo con los manifestantes en la sede de la generalidad catalana en Madrid (II).

El caso Blanquerna: Entre la política y la injusticia.

Hace años, cuando era más joven, y posiblemente más tonto, o menos quemado por la vida, creía en la justicia humana. Ahora cada vez menos.

Hoy por hoy sólo creo en la justicia divina, y con grandes dudas, pues viendo como va el mundo, presiento que Dios está de vacaciones una buena parte del año… Si, ya se: el libre albedrío, la libertad de cada cual y todas esas monsergas. Pero lo cierto es que la sociedad es tremendamente injusta, y cada vez más, por desgracia para todos.

Uno de estos casos sangrantes, que más me han lastimado jurídica y moralmente, ha sido el caso Blanquerna, llamado así por haber sucedido una manifestación o escrache ante la biblioteca Blanquerna, que al parecer está situada en los bajos del edificio que alberga las dependencias de la Generalidad de Cataluña en Madrid. Continúa leyendo El caso Blanquerna: Entre la política y la injusticia.

La excesiva dureza del tribunal supremo con los manifestantes en la sede de la generalidad catalana en Madrid (I).

Comenzaré con dos premisas básicas para comprender los razonamientos jurídicos, éticos y estéticos del presente articulo:

1º. Respeto al Tribunal Supremo, como jurista que soy, incluso cuando se equivoca. Pero entiendo que por ese mismo respeto tengo el deber de manifestar mi discrepancia con sus sentencias, en su caso, sin perjuicio del lógico –y necesario- acatamiento, como corresponde en un Estado de Derecho.

¡Lástima que los separatistas catalanes no tengan el mismo respeto a nuestro más Alto Tribunal!.

2º. No soy una persona violenta, y deploro totalmente la utilización de cualquier clase de violencia, física o incluso verbal, contra los adversarios. Creo que el monopolio de la violencia corresponde al Estado.

¡Pero de la misma forma entiendo que es indignante ver como el Estado muchas veces hace dejación de sus funciones, sobre todo en Cataluña y el País Vasco, donde las competencias en materia de orden público han sido transferidas –creo que equivocadamente- a los gobiernos autonómicos (y digo autonómicos por no decir separatistas) correspondientes!. Continúa leyendo La excesiva dureza del tribunal supremo con los manifestantes en la sede de la generalidad catalana en Madrid (I).

Parado, no te fies de las oficinas del INEM.

Un buen amigo mío, ya sesentón, tras haber trabajado muchos años en la función pública, pero siempre como contratado temporal, interino, personal eventual, etc., es decir, con el culo al aire, al final se vio en el paro, como consecuencia de la reducción del empleo público precario, que dicho sea de paso, es el único que se ha podido disminuir, pues a los funcionarios de carrera no hay Dios que pueda echarles.

Tras estar varios años en el paro (una persona de 60 años está ya “muerta”, laboralmente hablando), un amigo le propuso hacer unas tutorías en una universidad privada, un solo día a la semana, seis horas…

Como estaba cobrando el subsidio por desempleo para mayores de 52 años, pues tiene más de 35 años cotizados a la seguridad social, con lo cual sólo le falta la edad para poderse jubilar, pidió hora en la Oficina del INEM correspondiente, donde expuso el caso a la funcionaria, contratada o enchufada de turno.

Esta señora o señorita le dijo que no había ningún problema, siempre y cuándo por esa actividad no recibiera ingresos superiores al 75% del salario mínimo interprofesional, entregándole un tríptico donde dice muy claramente que los ingresos del subsidio son compatibles “con rentas de cualquier naturaleza”, siempre y cuando no superen el 75% del SMI, repito. Y que, además, en su caso, como tenía un convenio especial con la seguridad social para mejorar su pensión futura, ese importe que pagaba (alrededor de 300 euros al mes), eran deducibles de los ingresos que recibiera. Continúa leyendo Parado, no te fies de las oficinas del INEM.